lunes, 7 de febrero de 2011

Lisístrata a la belga



Las mujeres de los políticos belgas han decidido poner en práctica una curiosa y nada nueva forma de protesta: una huelga de sexo para conseguir que los partidos políticos belgas (flamencos y valones), los partidos de sus amantes esposos lleguen a un acuerdo después de las elecciones electorales de junio pasado.


Como en la obra de Aristófanes, deciden tener a los machos "a pan y agua", para que sus sangres suban a sus cerebros y no se quede estancada en sus penes. Grandiosa idea. Grandiosa y nada moderna, entre la guerra del Peloponeso entre atenienses y espartanos y la irreconciliación belga valones VS flamencos distan algo más de dos siglos, ambas comparten la misma idea y solución: chantaje sexual. ¿Chantaje sexual? Tal vez pueda entenderse como tal, como también puede entenderse el poder de la mujer en el sexo. ¿Será que mujeres y hombres no hemos evolucionado? ¿O que por más que pasen siglos aún seguimos siendo iguales?


La respuesta quizás esté no en el viento, como en la canción de Bob Dylan, está en el dicho "detrás de un hombre siempre hay una gran mujer". Las mujeres aún en la sombra, somos las importantes.


Mi suerte es, que en esta vida, en esta reencarnación, me toca serlo y, aunque sea del sexo nada débil, ni fuerte, simplemente femenino, me gustan las benditas diferencias sexuales entre hombres y mujeres, porque si no, la vida, el sexo, no tendría gracia... Aunque alguna que otra "lisistración" viene bien. La prohibición hace una reconciliación "cogida con más ganas" (y un "pacto de Estado" pacífico).
Moraleja: "Hacer el amor y no la guerra", y si no se puede o quiere, a practicar el amor propio, que no existe nadie que nos ame ni nos conozca mejor que nosotros mismos.

viernes, 4 de febrero de 2011

Bailando bembé

Suena suave la melodía cadenciosa como caricia para los oídos y tímida de mí, me dejo seducir por el son provocador, caliente y seductor, incesante en su deseo de arrastrarme a experimentar los placeres del vaivén en mis curvas. Mis manos, no son manos, se convierten en alas, paradoja celestial comparada con el calor infernal de mi piel, del balanceo de mis pechos, del coqueteo de mis hombros, del ritmo desenfrenado y circular de mis caderas, del fuego de mi mirada, de mi sonrisa pícara. Una vez más, se sale con la suya: dejo de ser mi rol para ser una mujer, una mujer sensual, libre, carnal, poderosa, consciente de todos sus encantos y sus placeres.

Bailar es algo orgásmico, mágico, erótico. Sola o en compañía, pero siempre con mucha confianza en mí, porque me da terrible vergüenza hacerlo con alguien desconocido. Es como hacer el amor: hay que hacerlo con mucho cariño, muy despacito, con mucho tacto y cada vez será diferente, siempre será la primera.

Hoy he vuelto a bailar bembé, y vuelvo a mí, a la mujer que soy e irremediablemente aparece esta canción, por su melodía y por su letra más verdadera que el respirar, como me dijo alguien una vez: soy la que baila bembé y todos y cada uno de los versos de esta canción, "Ella baila bembé" de Amparanoia, y especialmente los siguientes, dedicados por esta persona en aquella tarde de baile, descalzos en la hierba, me describe tal y como soy:

"¿Y quién es ella? Pregunta por ahí, cuenta la leyenda de aquél que no puede resistir su encanto, por la acera al caminar, chicha por delante y chicha por detrás, marcando el paso al ritmo de la vida, sus ojos negros ni un detalle descuidan, sabe que en la jungla no se puede despistar, se puede hablar pero nunca confiar, clara como el agua le gustan las cosas, con la mirada para delante, siempre orgullosa, a veces tranqui, a veces peligrosa, pica como una abeja, vuela como una mariposa..."


...Gracias. Por hacer que vuelva la mujer que soy.



lunes, 31 de enero de 2011

Razones para creer

Hay millones de razones para creer, para rencociliarse con el mundo, con los demás y consigo misma.

Para agradecer que cada día sale el sol y estoy VIVA.

Gracias.



sábado, 22 de enero de 2011

Fábula del hombre lobo y la mujer pantera



Un poco más jóvenes y con un futuro creado de ilusiones expectante por comérnoslo. Así nos recuerdo, felices. Todos los días eran una aventura nueva y cualquier chorrada era motivo de risa, nos reíamos hasta de nuestra sombra y no había nada ni nadie que nos pudiese parar los pies... Éramos geniales. O "genitales". Según el día.


Nuestras confidencias en los pasillos y en los pupitres de la Universidad eran un hecho, más de uno y de una nos envidiaban, que se fastidien; eso que no nos veían fuera de clase, si viesen lo que hacíamos fuera de clase, se hubiesen tirado de los pelos hasta quedarse calvos/as e irían rayando el suelo con los dientes...


Ay. Eso es lo que pasa cuando oigo esta canción: el hombre lobo y la mujer pantera. Qué fábula. Quizás sea la luna llena, o que forma parte de nuestra banda sonora y enloquecíamos cuando la oíamos... Seguro que hoy sería diferente, quizás algo más pausado el efecto... O no. Quién sabe cómo reaccionemos cuando nos volvamos a encontrar, rejuveneceremos a los veintitantos años y volveremos a bailar y brincar desmelenadas...


¡Chicas, os quiero! Por cierto, ¿se podría considerar reflejo condicionado de Pavlov el hecho de recordar esta canción al ver una tapa de calamares? (No vale invocar al espíritu de Ramón H., ni del abuelo Simpson ni de Mariluz "whatdoyouwannado").



jueves, 20 de enero de 2011

Madame Butterfly

La ópera es uno de los géneros más sublimes para sentir, para empatizar con los personajes adentrándote bajo su piel, aún estando en el patio de butacas, vibrando emociones contenidas e incontenibles. Así ocurrió cuando ví por primera vez "Madame Butterfly". La historia es un gran drama: Pinkerto, un teniente de la armada americana, queda encaprichado de Madame Butterfly consiguiendo casarse con ella hasta que pueda hacerlo con una "verdadera" esposa, una americana. Butterfly, la ingenua geisha está totalmente enamorada de él, hasta tal punto que sacrifica su religión convirtiéndose al cristianismo; Pinkerton, sin embargo, acogiéndose a las leyes japonesas, se casará con ella bajo contrato de 999 años, pudiendo romper el contrato y abandonar a su esposa en cualquier momento. Al cabo de los tres años, Butterfly (y su hijo, fruto de la relación con Pinkerton) espera ansiosa el regreso de su esposo, de quien apenas tiene noticias por todo este tiempo. Inesperadamente, sus deseos se hacen realidad y él vuelve... Acompañado de su esposa americana y dispuesto a llevarse al niño. Butterfly, desolada, repudiada por los suyos, abandonada y rota, actuó tal como mandan los designios: "Que muera con honr quien ya no pueda vivir con honor", haciéndose el harakiri, con los gritos de Pinkerton llamándola de fondo.
Una tragedia en mayúsculas, adornada con música y voces insuperables, viviendo esos momentos con el estómago encogido y el corazón golpeando en el pecho queriendo salir... Siendo unas lágrimas, imparables, las que se liberan.

La trama se desarrolla en Nagasaki, Japón, lugar con una cultura que siempre me ha atraído por su aparente delicadeza que celosamente guarda una fuerza y sabiduría arrolladora. Como la floración de la sakura (flor del cerezo). Como una ceremonia del té. Como una geisha. Las geishas, esas mujeres dedicadas al estudio de diversas artes para "entretener" al hombre, son erróneamente confundidas con prostitutas. Ellas no lo son. Se originaron como profesionales del entretenimiento; inicialmente la mayoría eran hombre. Mientras las cortesanas profesionales brindaban entretenimiento sexual, las geishas usaban sus habiloidades en distintas artes japonesas, música, baile y narración. Esta delicadeza y sensibilidad que concede la dedicación y difusión artística, se vuelve más notable al ver su estilo al maquillarse, de vestirse y de caminar. Parecen muñequitas que se romperán si se les trata con rudeza.

Siempre me han fascinado estas mujeres. Quizás porque de pequeña me llamaban "muñequita de porcelana" y decían que tenía pies de japonesita, o por mi delicadeza y una marcada sensibilidad hacia los pequeños detalles y todo aquellos aparentemente nimio, aquellas cosas escondidas llenas de gran belleza y esencia. O porque hay una geisha escondida en mí. Me encojo de hombros porque desconozco el motivo de este encanto nipón. Lo que sí sé, es el deseo de una bata, un kimono de seda con flores bordadas. Me encanta. Me subliman. Me enamoran. Porque son suaves, delicados y sensuales, para sentirlos en la piel como una caricia y, porque su forma recuerda a una mariposa.



jueves, 13 de enero de 2011

Enero en la playa


La Ley antitabaco. El balón de oro. Noticias en los telediarios y en los periódicos. Todo esto carece de importancia mirando esta imagen, unas de las primeras de mi comienzo de año, en enero y, en la playa.

Bienvenidos a todos y a todas, inaguremos este 2011 y sigamos leyéndonos/comentándonos.





viernes, 31 de diciembre de 2010

Adiós 2010... ¡Bienvenido 2011!


La noche más mágica de la Navidad es sin duda, la Nochevieja. Al menos para mí: más familiar, más alegre y más emotiva, eso de dejar un año y comenzar otro rodeada de las personas que quiero es muy especial. Me gusta más, simplemente.

El 2010 se ha portado muy bien conmigo en términos generales y, el 2011, será (es) mucho mejor, eso sin duda. Año nuevo, década nueva. Adiós a estos diez años tan intensos, de pasar de tener 20 a 30, de la universidad al mundo laboral, perderme, buscarme y encontrar al fin, la mujer que soy... Así de azarosos han sido estos diez años tan bien vividos.

Esta noche, engalanaré la mesa, cocinaré suculentos manjares y encenderé velas por los que estamos, por los que faltan y por los que estarán en ella; sacaré mis gafas con nariz, soplaré con fuerza el matasuegras y bailaré como una posesa, sacando mi lado más hortera, a Boney M (una Nochevieja sin estos tres elementos no es Nochevieja ni es nada).

¡Feliz Año Nuevo!

Pd. Como no podía ser de otra manera, la banda sonora de hoy es el grupo fetiche nocheviejero por excelencia, Boney M, aunque 2010 se haya llevado a Bobby Farrell, seguirá animando y alegrando muchísimas noches más.



miércoles, 22 de diciembre de 2010

Todo lo que quiero para Navidad...



Esta Navidad voy a ser egoísta. Muy egoísta. Mucho.


No voy a pedir mucho estas navidades, ni siquiera deseo que nieve. No me importan los regalos, abajo del árbol de Navidad, ni necesito colgar mi calcetín en la chimenea, es más, no haré una lista interminable para enviarla al Polo Norte para Santa Claus, un juguete en el día de Navidad no me haría feliz.

Sólo me quedaré esperando debajo del muérdago, porque sólo quiero que estés conmigo a mi lado. No quiero mucho por Navidad. Sólo te quiero para mí, más de lo que puedas creer. Haz mi sueño realidad porque, todo lo que quiero por Navidad... Eres tú.


domingo, 19 de diciembre de 2010

Escapar

Querida mamá:

Ya sé que sólo basta con mirarnos a los ojos sin decirnos nada para saber cómo está la una y la otra. Sabes que yo (a veces) necesito expresarme a través de letras como sé que si lo lees, te emocionas.

Qué te puedo decir que no sepas, eres la mujer que me dió la vida, arquitecta de mi cuerpo, mis genes y mi forma de ser. Conoce todos y cada uno de mis rinconcitos mucho mejor que yo misma. La mujer más sabia, la mejor de todas, la que me ha enseñado y me enseña sin querer cómo se quiere y el significado de lo que es el amor incondicional sin esperar nada a cambio.

Hemos pasado unos días muy fastidiados, sé que aunque no me hayas visto llorar lo habrás notado, pero no quiero que me veas así, no quiero. Si me ves así te debilitarás y no puedes permitirte eso, dejar de ser fuerte y luchar. Mamá, has pasado lo peor, lo que más miedo te daba. Para mí también lo era, aunque tuviese atisbos de negatividad, sabía que iba a salir bien, debía salir bien porque te quiero a mi lado y aún tienes que dar guerra (jo mamá, ¡que tienes que "malcriar" a mis hijos!). Fueron unas horas horribles de espera hasta que la doctora dijo que todo salió bien, mucho mejor de lo que esperaba.

Ahora sólo queda un largo y duro camino, pero no estás sola. No te vamos a dejar sola. No te voy a dejar sola. Vamos a pasarlo juntas, somos fuertes para eso y mucho más. A ese mal bicho canceroso lo vamos a aniquilar, ya lo verás. Mientras escapa, "abre las puertas de la percepción, usa el poder de tu imaginación, aunque no puedas mirar hacia el sol, sabes que sigue brillando por tí. Piensa en las cosas que te hacen sentir, cada segundo vivir y escapar...".

Mamá, te quiero mucho.



martes, 14 de diciembre de 2010

Abejas y azucarillos





LA VIDA DE LAS ABEJAS


"Ella robaba azucarillos en las cafeterías y salía radiante poniéndose el azúcar en la lengua para que yo acudiera a besarla." (J. Marín Ceballos)


Inevitablemente viene a mi memoria aquella canción de Claudine Longet, "Sugar me", una voz dulce y sugerente, para mojar los labios en azúcar.  

Porque, ¿acaso hay algo mejor para endulzar y que te endulcen? Con un cuento así... 

Robaré azucarillos, mojaré mis labios y lengua (sólo la puntita ¿eh?) a ver qué pasa.



miércoles, 8 de diciembre de 2010

Imagina...

(...Que fuese un 8 de diciembre cualquiera. Que no hubiese que recordar un día como hoy. Que no se cumpliese 30 años de cinco fatídicos disparos por la espalda.)

John había pasado cinco años sin grabar ningún disco y en octubre de 1980 reapareció con un trabajo nuevo, "Double fantasy", cuyo LP "Just starting over" ("(Cómo) Empezar de nuevo") cayó como agua de mayo mostrando el Lennon más vivo y esperanzador de todos los tiempos. En diciembre se encontraba haciendo todo tipo de entrevistas, reportajes y fotografías para el lanzamiento del disco, y ese 8 de diciembre realizaba una sesión fotográfica en su apartamento en el Edificio Dakota con Annie Leibowitz para la revista "Rolling Stone", de esas fotografías la más famosa y conocida es la que aparece con Yoko, ella vestida con un jersey negro de cuello vuelto y él, desnudo, en posición fetal.




Tras la sesión, John y Yoko se dirigen a los estudios de grabación para realizar nuevas canciones para el próximo disco y a la salida, firma ejemplares de "Double fantasy" a unos fans que le esperan en la puerta. Cogen una limusina de vuelta al apartamento. John sale de ella y... Cinco ruidos atronadores, secos y fulminantes hicieron eco en su cuerpo.


Treinta años después, John recuerda este momento como una anécdota, como el día de su "renacimiento", aunque a veces se aqueja de la secuela que le dejó en el hombro izquierdo. Calvo, y con sus sempiternas gafas (hace diez años que se operó de miopía, pero sigue usándolas) vive feliz junto a Yoko en una casita de campo inglesa, apartado de la vida tan ajetreada de Nueva York desde el accidente en el Edificio Dakota, ciudad a la que viajan de vez en cuando para inaugurar exposiciones de su amada japonesa. Con setenta años ha vivido a su manera con esa máxima vitalista, humanista y pacifista "gustándole tal y como era, sin querer ofender a nadie", en continua "lucha" contra la violencia y abanderando el sueño de volver a creer en los hombres, tomar conciencia de la unión y fuerza humana y la fe en las personas (¿recordáis aquellas palabras tras la caída del muro de Berlín en el 89?), viviendo los proféticos versos de "Imagine" como una realidad.

Actualmente, vive la senectud junto a su amor, como él deseaba, gracias, en parte, a aquella canción que sonaba en diciembre de 1980, aquella que le cantaba a Yoko "cómo empezar de nuevo"...

Pd. Gracias John. Con esta canción "imagino" envejecer en una casita de campo, estar sentada en una mecedora en el porche, coger de la mano a mi marido, mirarle a los ojos escuchando de fondo las risas de nuestros nietos y ser feliz por todo el tiempo vivido juntos. Gracias por ponerle música a este sueño (quizás, un día, hecho realidad).



jueves, 25 de noviembre de 2010

Nube de tango


Hay días que no sabes por qué, se tiene una nube gris en el pecho, un nubarrón a punto de romper a llover. No es nada molesta la nubecilla, pero aparece así, sin más, sin llamarla ni desearla. Hay días así... De jersey gris y mirar por la ventana pensando en nada; de acordarse de Cortázar y sentirse melancólicamente "ennubada"; de oír de refilón un tango y no saber qué cara muestra hoy: el pasional o el triste. Melancólico, supongo. Que un tango sea la banda sonora de un nubarrón emocional empuja con violencia la rotura de la gran nube en una larga y profunda lluvia purificadora para, al final, brille rutilante el sol. (Poética forma de describir un llanto solitario que, de vez cuando, es necesario. Te libera, y además te deja un brillo en los ojos...)


El tango es el estilo musical más elegante de todos los que conozco (y de los que me quedan aún por descubrir). Y de los más humanos. Es visceral, melancólico, saca de tí lo más desgarrador si te toma cuando estás triste, haciéndote caer a lo más profundo, para levantarte y salir a flote. Sin embargo, si te toma de la cintura con delicadeza, es pasional, amoroso, te sonríe pícaro con cadencia para conseguir su deseo, sacar lo mejor de tí en el vaivén de sus compases. Aunque muestre dos caras de una misma moneda, el tango siempre, siempre, siempre será de la misma forma: liberador.


En este micromomento nublado, de decantarme más por llorar que por reír esta tarde, me zarandea tomándome por la cintura, delicado, susurrando al oído: "Olvida todo el tiempo que dure el tango. Y déjate llevar".


Pd. ¿Hay algo más liberador que "Libertango"?




lunes, 15 de noviembre de 2010

Tengo una gramola y un desván





Me he decidido a abrir un blog paralelo donde iré organizando la banda sonora de mi vida, se llama "Una gramola en el desván".

Estáis todos/as invitados, ya sea para tomar un café tranquilamente, montar una fiesta, ahogar las penas y alegrías... Ya sabéis, para lo que gustéis.