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miércoles, 18 de junio de 2014

Mensaje en una botella



...A los pies del muelle, antes de que partiese el barco, ella dijo:

        -Mándame un mensaje en una botella.

Cuando el magnífico velero inmerso en una gran botella apareció frente a su casa, abrió el tapón y se embarcó dejando todo lo que tenía.

      " Mándame tu respuesta, contigo, dentro de un velero."



jueves, 24 de febrero de 2011

La mata de albahaca

Ilustración de Leandro Lamas.


La primavera se atisba a corto, muy corto plazo, y con ella una mata de albahaca fresca, verde, lozana, como la reinante en mi ventana.


No es casualidad la cóncava curva dibujada en mis labios mientras la riego, pues resulta inevitable recrear la historia de la niña que riega albahaca:
"Era un sastre que tenía tres hijas y en el balcón de la casa había una mata de albahaca que era regada cada día por ellas.
Un día salió a regar la mata de albahaca la hija mayor. Y cuando estaba regándola, pasó por allí el hijo del rey y le dijo:
-Niña que riega la albahaca, ¿cuántas hojitas tiene la mata?
Y como no supo responder se fue el hijo del rey para su palacio.
Al día siguiente pasó otra vez el hijo del rey por la casa y salió la hermana segunda a regar la albahaca, y él le hizo la misma pregunta:
-Niña que riega la albahaca, ¿cuántas hojitas tiene la mata?
Tampoco supo responder y el hijo del rey se fue para su palacio.
El tercer día, cuando volvió el hijo del rey a pasar por la casa, la hermana menor pasó a regar la albahaca, y él le hizo la misma pregunta que a las otras:
-Niña que riega la albahaca, ¿cuántas hojitas tiene la mata?
Y ella le respondió:
-Caballero zaragotero, ¿cuántas estrellitas tiene el cielo?
Y como el hijo del rey no supo responder a esta pregunta, se fue a su palacio muy avergonzado y pensó "Esto no quedará así y me la pagará".
Avergonzado, el hijo del rey al ver que no había podido responder a la pregunta de la hermana menor, se disfrazó de encajero y salió a vender encajes a todas partes. Llegó a la casa en donde vivían las tres hermanas y salieron a ver qué vendía. Cuando la hermana menor escogió por fin una puntilla, le dijo al encajero:
-¿Cuánto quiere usted por esta puntilla?
Y él le dijo:
-Por esta puntilla un beso.
Ella, sin pensarlo dos veces y ante tan preciosa puntilla, le besó.
Al día siguiente el hijo del rey volvió como antes a la casa de las tres hermanas. Como sucedía habitualmente, salieron la hermana mayor y mediana sin darle respuesta, hasta que la menor apareció en el balcón:
-Niña que riega la albahaca, ¿cuántas hojitas tiene la mata?
Ella respondió como la primera vez:
-Caballero zaragotero, ¿cuántas estrellitas tiene el cielo?
El príncipe, muy avispado contestó:
-Y el beso del encajero, ¿estuvo malo o estuvo bueno?
La niña, avergonzada, sin saber qué responder, se metió en la casa. Enfadada y deseosa de vengar la jugarreta que le hizo, pensó: "Esto no puede quedar así, me las pagará".
Al cabo de los días el hijo del rey cayó enfermo y no había médico que lo pudiera curar. La niña se enteró de la noticia y sin titubear, se disfrazó de médico y marchó a palacio. Al presentarse frente al rey, le dijo:
-Yo vengo, señor rey, a curar a su hijo.
La dejaron entrar y consultó con los otros médicos, y contundente aseveró:
-Para que sane el príncipe hay que meterle un nabo en el culo.
Con que bueno, el falso médico invitó al príncipe a bajarse los calzones y a colocarse en postura cuadrúpeda dejando en pompa el lugar donde la espalda pierde su buen nombre. Cogió un nabo en una mano y un mazo en la otra y... ¡Zas! Entre sollozos y alaridos principescos, el nabo encajó en el culo a la perfección.
A los dos días, un curado príncipe, volvió a la casa de la mata de albahaca con sus preguntas a las tres hermanas, cuando llegó el turno a la pequeña, preguntó:
-Niña que riega la albahaca, ¿cuántas hojitas tiene la mata?
Y ella le respondió como antes:
-Caballero zaragotero, ¿cuántas estrellitas tiene el cielo?
El hijo del rey creyó que iba a salirse con la suya como antes y le preguntó:
-Y el beso del encajero, ¿estuvo malo o estuvo bueno?
Pero se engañó el hijo del rey, porque apenas había preguntado eso de antes, cuando ella le preguntó:
-Y el nabo por el culo, ¿estaba blando o estaba duro?
Entonces, el príncipe comprendió que ella había sido la que le había metido el nabo por el culo y que estaba completamente enamorado de ella. Le propuso matrimonio y como ella también lo estaba de él, se casaron y pasaron muchos años descubriendo cuántas hojitas tenía la mata y cuántas estrellitas había en el cielo."

martes, 14 de diciembre de 2010

Abejas y azucarillos





LA VIDA DE LAS ABEJAS


"Ella robaba azucarillos en las cafeterías y salía radiante poniéndose el azúcar en la lengua para que yo acudiera a besarla." (J. Marín Ceballos)


Inevitablemente viene a mi memoria aquella canción de Claudine Longet, "Sugar me", una voz dulce y sugerente, para mojar los labios en azúcar.  

Porque, ¿acaso hay algo mejor para endulzar y que te endulcen? Con un cuento así... 

Robaré azucarillos, mojaré mis labios y lengua (sólo la puntita ¿eh?) a ver qué pasa.



sábado, 25 de septiembre de 2010

Cordornices en pétalos de rosa


Es un secreto a voces mi fascinación por el mundo gastronómico, más que por saber combinar sabores, texturas y olores, por las sensaciones y emociones que provoca la acción y las reacciones posteriores, porque cocinar, es algo más que preparar de tal manera "x" alimentos para facilitar la asimilación de nutrientes en nuestro cuerpo, es todo un acto de amor en el que tanto como quien cocina y quien degustan ponen los cinco sentidos y una pizca de sentimiento (de ahí el dicho que el gran ingrediente es el cariño que se pone): uno para dar lo mejor de sí mismo transformado en vianda y el otro para recibirlo con agradecimiento. El mejor momento es el primer bocado: una alfombra roja de aromas anteceden a su llegada esperada y ahí está, tan jugoso y apetecible, la obra efímera regalada será tomada por su dueño y la mirada expectante no será suya, sino de quien se entrega cocinando esperando una reacción, un gesto... Y el extásis se hizo. La comunión gastro-erótico-sensual en el que un simple gemido, un "mmmmmmm" o un "ooooohhhh" dan el visto bueno a la obra-entrega y la cara de satisfacción de ambos denotan la exquisitez y el éxito del plato... Cocinar es eso, es algo más que la alquimia de mezclar alimentos y transformalos en plato, es muy sensual, digamos que es como hacer el amor, cuyo momento cumbre es el "orgasmo" que siente el otro en el primer bocado.


Me encanta cocinar, disfruto mucho haciéndolo y me gusta ver, sentir si lo que cocino gusta o no. Algo así le ocurría a Tita, la protagonista de "Como agua para chocolate" de Laura Esquivel, pequeña joya del realismo mágico que tanto se da en la literatura latinoamericana, donde se combinan a la perfección lo sobrenatural con lo mundano, desgranando la relación de Tita con/para la comida, cómo la utiliza como instrumento de expresión con los demás, y en especial, con Pedro, con quien mantiene una historia de amor imposible. Primero leí el libro, me resultó delicioso, y después ví la película, fiel al libro, y en ambas, la parte que más me gusta, es la receta de "Codornices en pétalos de rosa", metáfora perfecta de lo que significa cocinar:


"CODORNICES EN PÉTALOS DE ROSA


INGREDIENTES:

  • 12 rosas (rojas, si es posible)
  • 12 castañas
  • 2 cucharadas de mantequilla
  • 2 cucharadas de fécula de maíz
  • 2 gotas de esencia de rosas
  • 2 cucharadas de anís
  • 2 cucharadas de miel
  • 2 ajos
  • 6 codornices
  • 1 pithaya

    PREPARACIÓN:

    Con cuidado, separar los pétalos de rosas, tratando de no pincharse los dedos, porque: a) es doloroso y b) si los pétalos se impregnan de sangre, alteran el sabor del plato y puede provocar reacciones químicas peligrosas.

    Pero Tita, con la profunda emoción de haber recibido un ramo de rosas de Pedro, no recordó ese pequeño detalle. Ésta era la primera emoción profunda que sentía desde el día de la boda de su hermana, cuando Pedro le dijo que la amaba. Mamá Elena sospechaba lo que podría pasar si Pedro y Tita tenían oportunidad de estar solos. Hasta ahora, Mamá Elena se había ingeniado formas de mantenerlos a distancia. Entre todas las mujeres de la casa, Tita era muy capaz de tomar la vacante de cocinera, y de la cocina escapaban los sabores, los olores, las texturas y lo que éstas pudieran provocar.

    Tita era el último eslabón de una cadena de cocineras que sabían los secretos de la cocina, la mejor exponente de este maravilloso arte culinario. Por lo tanto, Tita fue nombrada cocinera oficial del rancho; esta noticia fue bien recibida por todos. Tita aceptó el cargo con agrado, pero sentía la ausencia de Nacha.

    Tita se sentía muy deprimida porque, con la muerte de Nacha, Tita se encontraba muy sola. Como si hubiera muerto su propia madre. Pedro, tratando de levantar su espíritu, le llevó un ramo de rosas al cumplir su primer aniversario como cocinera del rancho. Pero Rosaura que esperaba su primer bebé, cuando vió que Pedro le dió las rosas a Tita y no a ella, Rosaura se marchó de la sala llorando.

    Con una mirada, Mamá Elena ordenó a Tita que salga de la sala y que se libre de las rosas. Mamá Elena, con otra mirada a Pedro, le dió a entender que él podía remediar la situación. Pedro, pidiendo disculpas, salió en busca de Rosaura. Las rosas eran de color rosado, pero Tita las apretó con tanta fuerza, que las sangre de sus manos y su pecho las pintó de rojo. ¡Estaban tan hermosas! No era posible tirarlas a la basura por dos motivos. Primero, porque nunca había recibido flores; segundo, porque Pedro le había dado las flores. De pronto, escuchó la voz de Nacha, quien le dictaba al oído una receta prehispánica donde se utilizaban pétalos de rosa. Tita no recordaba la receta porque para hacerla se necesitaban faisanes, y en el rancho no había esa clase de ave.

    Lo único que tenía en ese momento eran codornices. Tita cambió un poco la receta; lo importante era usar las flores.

    Con eso en mente, salió al patio a perseguir codornices. Atrapó seis, las llevó a la cocina y las mató. Esto no fue fácil porque Tita las había cuidado y alimentado.

    Tita respiró hondo, agarró a la primera ave y le retorció el pescuezo como hacía Nacha. Pero Tita hizo esto con poca fuerza y la pobre codorniz no murió, sino que se fue quejando por toda la cocina con la cabeza colgando de lado. Tita comprendió que no podía ser débil: esto o había que hacerlo con firmeza o causaba gran dolor a las codornices. Tita pensó en la fuerza de Mamá Elena, la cual mataba sin piedad. La boda de Pedro con Rosaura había dejado a Tita como a esta codorniz, con la cabeza y el alma fracturada. Para que no sufra más, y en un acto de piedad terminó de matarla. Fue más fácil con las otras. Tita se imaginaba que cada ave tenía un huevo tibio en el buche y que ella piadosamente las liberaba de ese martirio con darles un buen golpe. Cuando era niña, era obligatorio desayunar con un huevo tibio, cosa que Tita odiaba.

    Tita realizaba todas las tareas en la cocina como las realizaba Nacha: desplumaba las aves en seco, le sacaba las vísceras y las freía.


    Después de desplumarlas y vaciarlas, se les atan las patas a cada una para que mantengan esa posición mientras se doran en la mantequilla, con sal y pimienta a gusto.

    Es importante desplumarlas en seco, porque sumergirlas en agua hirviendo cambia el sabor de la carne. Éste es uno de los muchos secretos de la cocina que sólo se adquieren con la práctica. Rosaura no había querido participar en las actividades culinarias desde que se quemó las manos en el comal, por eso ella ignoraba éste y muchos otros conocimientos gastronómicos. Sin embargo, no se saber por qué, pero Rosaura intentó cocinar en una ocasión. Cuando Tita amablemente quiso darle consejos, Rosaura se enfadó y le pidió que la dejara sola en la cocina.

    Obviamente el arroz se pegó, la carne estaba salada, y el postre se quemó. Nadie en la mesa se atrevió a mostrar ningún gesto desagradable, pues Mamá Elena había comentado:

    -Es la primera vez que Rosaura cocina y opino que no lo hizo tan mal. ¿Qué opina usted, Pedro?
    Pedro no quiso ofender a su esposa y respondió:

    -No, para ser la primera vez no está tan mal.

    Por supuesto, esa tarde toda la familia se enfermó del estómago.


    Fue una verdadera tragedia, claro que no tanta como la que se alzó en el rancho ese día. La fusión de la sangre de Tita con los pétalos de las rosas que Pedro le había regalado resultó ser de lo más explosiva.

    Cuando se sentaron en la mesa había un ambiente un poco tenso, pero esto no aumentó hasta que se sirvieron las codornices. Pedro, no contento con haber provocado los celos de su esposa, saboreó el primer bocado del platillo, cerró los ojos y exclamó:

    -¡Éste es un placer de los dioses!

    Mamá Elena, aunque reconoció que se trataba de un guiso verdaderamente exquisito, con fastidio respondió:

    -Tiene demasiada sal.

    Rosaura, pretextando náuseas y mareos, no pudo comer más que tres bocados. En cambio a Gertrudis algo raro le pasó.

    Parecía que el alimento le producía a Gertrudis un efecto afrodisíaco y empezó a sentir un intenso calor que le invadía las piernas. Un cosquilleo en el centro de su cuerpo no la dejaba estar correctamente sentada en la silla. Empezó a sudar y a imaginar que se sentiría sentada a lomo de un caballo, abrazada por un villista que ella había visto en la plaza del pueblo, oliendo a sudor, a tierra a vida y a muerte. Gertrudis iba al mercado con Chencha, la sirvienta, cuando lo vió entrar por la calle principal de Piedras Negras, y venía al frente de todos, como capitán de la tropa. Vió muchas noches junto al fuego, deseando la compañía de una mujer a la cual él pudiera besar, una mujer a la que pudiera abrazar, una mujer... Como ella. Sacó su pañuelo y trató de que junto con su sudor se fueran de su mente todos esos pensamientos pecaminosos.

    Pero era inútil. Algo extraño le pasaba. Trató de buscar apoyo en Tita, pero Tita estaba ausente. El cuerpo de Tita estaba correctamente sentado en la silla, pero no había ningún signo de vida en sus ojos. Tan raro este fenómeno, parecía que su ser se había disuelto en la salsa de las rosas, en el cuerpo de las codornices, en el vino y en cada uno de los olores de la comida. De esta manera Tita penetraba en el cuerpo de Pedro, voluptuosa, aromática, calurosa, completamente sensual.

    Parecía que habían descubierto un código nuevo de comunicación en el que Tita era la emisora, Pedro el receptor y Gertrudis la que sintetizaba esta relación sexual, a través de la comida.

    Pedro no se resistió, la dejó entrar hasta el último rincón de su ser sin poder quitarse la vista el uno del otro. Le dijo: "Nunca había probado algo tan exquisito, muchas gracias". "

    "Como agua para chocolate", Laura Esquivel.







  • jueves, 19 de agosto de 2010

    El piojo y la pulga


    Romance La boda del piojo y la pulga



    La pulga y el piojo se quieren casar

    y no tienen cuartos para convidar.

    Viene la hormiga desde su hormiguerillo:

    "Haced la boda, que yo os doy pan"

    Contentos estamos, que pan ya tenemos,

    pero no nos casamos por no tener vino.

    Vino el mosquito desde su tinaja:

    "Haced la boda, doy una jarra".

    Contentos estamos, que vino tenemos,

    pero no nos casamos por no tener carne.

    Viene el carnero desde su carnicería:

    "Haced la boda, que yo os doy carne".

    Contentos estamos, que carne tenemos,

    pero no nos casamos por no tener padrino.

    Vino el ratón desde su cueva:

    "Haced la boda, que soy padrino".

    Contentos estamos, padrino tenemos,

    pero no nos casamos por no tener madrina.

    Vino la cigüeña desde su torrecilla:

    "Haced la boda, que soy madrina".

    Contentos estamos, madrina tenemos,

    pero no nos casamos por no tener cura.

    Vino el lagarto desde su sepultura:

    "Haced la boda, que soy el cura".

    Contentos estamos, que cura tenemos,

    pero no nos casamos por no tener música.

    Cantan las ranas, bailan los sapos,

    tocan las castañuelas los renacuajos.

    Y en estando en la boda con gran regocijo

    llegó un gato pardo y se comió al padrino.